Villa romana de la Torrecilla
Datos del yacimiento
Yacimiento arqueológico: siglos I/II – III d.C.; inicio s. IV – fin s. V; siglos VI y VII
Intervenciones arqueológicas
El descubrimiento arqueológico de esta villa fue un hecho fortuito, pero a diferencia de otros hallazgos ocasionales en el término municipal, no se debió a la actividad de extracción de áridos, en este caso estuvo motivado por la aparición de un gran socavón cuando se preparaban los terrenos para el cultivo de maíz, dejando al descubierto un muro de unos 66 cm de anchura.
Los primeros trabajos se acometieron en el año 1980 por personal del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, bajo la dirección de Mª Rosario Lucas, Mª Concepción Blasco y Mª Ángeles Alonso.
Excavación de 1980
En esta primera campaña arqueológica se realizaron sondeos en tres cuadrículas de 5 por 5 metros, abiertas donde se había apreciado ocularmente que la concentración de restos arquitectónicos en superficie era mayor. Como resultado de los trabajos arqueológicos se descubrieron tres muros de piedra de mampostería irregular, realizados a base de piedras trabadas con mortero y cal. También se hallaron otros muros menos gruesos, asimismo de piedra, que en ese caso debieron de servir de basamento a muros de tapial encofrado, hechos apisonando barro.
Analizando los restos encontrados se concluyó que el edificio se había levantado utilizando materiales del entorno como los nódulos de sílex, las irregularidades de la piedra fueron compensadas realizando revoques de morteros de cal, dejando de esta forma las paredes lisas. Sobre el enlucido o revoque (tectorium) de algunos de los muros se encontraron restos de decoración, con dibujos geométricos y algún elemento vegetal, los colores usados son rojo vivo, granate, negro, amarillo-ocre y, en menor cantidad, verde.
El pavimento impermeable lo formaba un compuesto de cal, arena y fragmentos triturados de cerámica machacada (opus signium).
La cubierta estaba compuesta por tejas curvas de grandes dimensiones que, dispuestas en posición alternativa cóncava y convexa, apoyarían sobre otras planas que debieron rellenar los espacios de un entramado de madera. Todas estas tejas responden al tipo imbrex algunas de ellas presentan una decoración con digitaciones paralelas, algo onduladas.
En cuanto a hallazgos muebles, se recuperaron fragmentos cerámicos de vajilla común, casi siempre lisa, y algunos restos de terra sigillata muy fragmentada y con escasa decoración. Completan el conjunto de piezas, pequeños fragmentos de vidrio, uno de ellos de buena calidad, de color azul y con decoración en relieve, también algunas escamas de nácar.
Aparecieron además abundantes fragmentos óseos de fauna variada.
El estudio de estos restos llevó a plantear que podría tratarse de una construcción de época romana, en la que se habían podido identificar cuatro habitaciones, pero que apuntaba a una edificación mayor, de cierta relevancia; posiblemente se trataría de una villa romana ocupada durante los siglos II-III d.C.
Excavación de 1981
En esta segunda intervención se trazaron siete nuevas cuadrículas entorno a las del año anterior, ello posibilitó descubrir una sala de planta rectangular cuyo lado sur presentaba una forma semicircular (absidiada). Junto a esta sala se documentaron tres estancias más y un lugar de tránsito que daría acceso a diferentes habitaciones.
Todas las estancias tenían restos de opus signium, sin embargo el de la sala absidiada era de mejor calidad. En las paredes se volvió a encontrar restos de estucos polícromos, también con motivos geométricos y algún elemento floral.
El estudio de materiales y estructuras sustentan la idea de que el lugar fue ocupado posteriormente al abandono del edificio. Esta hipótesis lo confirma el haberse encontrado un hoyo o silo de época posterior y un muro levantado mediante una simple alineación de piedras, sin ninguna argamasa, y que reposaba sobre el nivel de los restos del derrumbe de la estructura original.
Excavación de 1983
La intervención arqueológica se orientó a continuar trabajando en cuatro de las cuadrículas de la campaña anterior relacionadas con la sala absidiada y abrir otras nuevas.
Se constató que los muros se levantaron utilizando la combinación de diferentes aparejos: en la zona inferior las piedras eran de gran tamaño más o menos irregulares, sobre ellas sillares de piedra cortada regularmente y por encima materiales de ladrillo ensamblado con mortero de cal.
En la sala absidiada se recuperaron gran cantidad de fragmentos de estucos policromados y se comprobó que en el paso de la zona rectangular de la sala al ábside había un pequeño escalón. En su acceso desde el exterior se constató la presencia de una losa de piedra marmórea, lo que ha llevado a pensar en la existencia de una cancela de acceso a esta zona más noble del edificio.
Frente a esta puerta, al otro lado del peristilo, se encontró un pequeño espacio rectangular que se adentraba hacia el patio, no puede asegurarse su utilidad, pudiendo tratarse de un mirador o un edículo.
También se documentaron nuevas habitaciones y una serie de hoyos abiertos cuando el edificio se encontraba parcialmente en pie.
Excavación de 1987
Ante la previsible falta de financiación que permitiera continuar con las campañas arqueológicas, la de este año tenía como objetivo obtener un plano general de todo el recinto, identificando el trazado de los muros.
Para ello se realizó una intervención en extensión que hizo posible descubrir nuevas estancias y canalizaciones realizadas con material latericio bajo un pavimento de losetas cerámicas. En una de estas estancias se recuperó una pila monolítica de granito con forma prismática, también una estructura circular realizada con adobes y que presentaba indicios de haber sido sometida a altas temperaturas (horno).
El descubrimiento de la distribución de los muros permitió identificar la planta del atrio prácticamente en su totalidad, observándose que en la zona opuesta a la que se encontró el edículo, y en el mismo eje, se localizaron dos edículos superpuestos, el más antiguo semicircular y sobre el otro más reciente cuadrangular cuya función tampoco está clara.
El análisis de los datos obtenidos hizo suponer que el complejo tuvo una serie de remodelaciones y rectificaciones a lo largo de su historia, aunque en algunas ocasiones estas obras no afectaron al trazado anterior.
Excavación de 2016
En el año 2016 la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid encargó a la empresa Arquex Soluciones Integrales en Patrimonio S.L. la intervención arqueológica en la Villa, con el fin de llegar a conocer la extensión y valor que pudiera tener este yacimiento.
Una vez realizados los trabajos de limpieza y desbroce se efectuó una prospección geomagnética de la zona; aplicando esta técnica geofísica no invasiva, es posible localizar estructuras enterradas (muros, fosos, hornos) sin excavar. Así se evidenció la existencia de estructuras y habitaciones que hicieron incrementar la extensión conocida de la villa desde los 1.300 a los 4.200 m2. Con estos datos se realizaron tres sondeos manuales en cuadrículas de 10 × 3 metros en cada uno de los lados de la villa.
Estos trabajos sacaron a la luz varias estructuras con muros levantados en mampostería trabada con mortero de cal y arena, y suelos realizados con opus signium, en esto no hay diferencia en relación con lo descubierto en campañas anteriores. Algunos de estos muros parecen conformar un nuevo patio, que en el caso de que estuviese rodeado de columnas, daría aún más relevancia a la villa pues se trataría de un complejo con doble peristilo.
Como novedad destaca el hallazgo de un mosaico polícromo realizado en “opus tesellatum, con teselas de varios colores, entre los que se han documentado blanco, rojo, negro y amarillo en diferentes tonalidades … Debido a su precario estado de conservación, el mosaico fue engasado para mantener su estructura durante el tiempo que está cubierto a la espera de su restauración» (El Independiente, 2 de marzo de 2017).
La villa romana
Cronología
Según nos informan las directoras de las excavaciones (Lucas y Blasco, 2016), para establecer la adscripción temporal de la construcción, así como de las distintas fases que acompañaron el desarrollo de esta explotación, se manejaron dos criterios: 1) El de la unidad de técnicas constructivas: el estudio de pavimentos, paramentos y estructuras, mediante la estratigrafía ha permitido, con algunas reservas, ordenar cronológicamente las fases constructivas, analizando aparejos, técnicas y acabados. 2) El de la cronología proporcionada por los materiales muebles: el mayor número de restos recuperados pertenecen casi exclusivamente a cerámica doméstica, que tiene una menor precisión cronológica ya que apenas evolucionó durante siglos. Por otra parte, los fragmentos de vajilla de mesa de calidad (terra sigilata), que permiten una datación más precisa al utilizar formas estandarizadas que cambian con el tiempo, son muy escasos. Aún así ha sido posible establecer cierta cronología, distinguiéndose tres fases constructivas de la villa.
No se conoce con exactitud la cronología del comienzo de su construcción, sin embargo pensamos que hay algunos factores que deberían tenerse en cuenta para llegar a plantear una fecha aproximada. Uno de ellos iría paralelo con el paulatino abandono del oppidum de la Gavia, este asentamiento carpetano, ocupado en época romana, fue un centro de poder relevante durante la II Edad del Hierro y «estuvo habitado hasta finales del siglo I. d.C.» (Morin de Pablos et alii, 2013). La Pax romana hizo innecesarias este tipo de fortificaciones en altura, lo que permitió a la población trasladarse a zonas más productivas y orientar la nueva economía a la explotación intensiva del terreno, condiciones que reunía el entorno en el que se edificó la villa romana de la Torrecilla; se podría entonces proponer que la Villa comenzaría a construirse entre finales del siglo I y principios del siglo II d.C.
Los restos cerámicos que puedan datarse entre el siglo III-IV son muy escasos, esto ha llevado a pensar en un cierto abandono de la Villa durante el siglo III, coincidiendo con un periodo de inestabilidad que sobrevino debido a la crisis política, incursiones de pueblos del norte y depresión económica.
Se identifica una siguiente fase de ocupación entre los años iniciales del siglo IV y finales del siglo V. Entre estas fechas se documentan los restos recuperados de cerámica denominada Terra Sigillata Hispánica Tardía y estampillada tardías. Coincidiendo con un periodo de pleno funcionamiento de la explotación.
Entre los estratos arqueológicos atribuidos a los siglos VI y VII se han recuperado cerámicas de cocina (ollas y marmitas), junto con otros recipientes comunes de fecha atribuible paradójicamente altoimperial. Este conjunto de piezas se correspondería con lo que se ha denominado Fase III del proceso constructivo de la Villa.
Galería de imágenes
Se muestran a continuación diversas piezas encontradas en el yacimiento que han sido incluidas en este proyecto
Bibliografía y fuentes consultadas
- Almagro Basch, Martín (1960). Hallazgos arqueológicos de Villaverde. Memorias de los Museos Arqueológicos. Tom. XVI-XVIII 1955-57, 1960, págs. 5-29.
- Cerdeño Serrano, María Luisa (1979). Un yacimiento con fondos de cabaña en la provincia de Madrid. Primeras Jornadas de Estudio sobre la Provincia de Madrid, Diputación Provincial. Madrid, diciembre de 1979.
- Cerdeño Serrano, María Luisa; Méndez Madiaraga, Antonio; de Cristóbal, Rafael; Moreno, Francisco y Ferreiro Alemparte, Jaime (1980). El yacimiento de la Edad del Bronce de «La Torrecilla» (Getafe, Madrid). Noticiario arqueológico hispánico, ISSN 0211-1748, Nº. 9, 1980, págs. 215-244.
- Méndez Madariaga, Antonio (1982). Algunos yacimientos con materiales del Bronce Final en la Provincia de Madrid. Estudios de Prehistoria y Arqueología Madrileñas, 1982, págs. 35 – 40.
